SUMO

INTRODUCCIÓN

El sumo, una forma de lucha, es el deporte nacional de Japón. Además de los pintorescos Mawashi (cintos) y de los peculiares peinados, denominados Oicho (moños abiertos en abanico) de los luchadores, que evocan ambos imágenes de la antigüedad, el sumo conserva muchas de sus costumbres tradicionales, tales como el Dohyo (círculo de paja elevado), el sistema de categorías y los vínculos con la ceremonia religiosa sintoísta. La palabra Sumo 相撲 se escribe con los caracteres chinos que significan “mutua contundencia”.

Aunque la historia del sumo tiene unas raíces antiquísimas, pasó a ser un deporte profesional a principios del período Edo (1603–1867). En la actualidad, este deporte casi exclusivamente masculino, se practica en clubes de las escuelas secundarias superiores y de las universidades, así como en asociaciones de aficionados. No obstante, tanto en Japón como en el extranjero, el sumo se conoce más como deporte espectáculo profesional.

OBJETIVOS DE LA CONFRONTACIÓN

En una confrontación de sumo, el objetivo del luchador es forzar a su oponente a salir del Dohyo o hacer que toque el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sean las plantas de los pies. Antes del enfrentamiento en el centro del círculo, los dos luchadores llevan a cabo un ritual preparativo, que dura varios minutos, en el que extienden los brazos, aplastan el suelo con los pies, se ponen en cuclillas y se miran fijamente a los ojos. Tiran varias veces al aire puñados de sal para purificar el círculo. Después de ese prolongado precalentamiento, la lucha termina frecuentemente en pocos segundos, aunque algunas veces continúa varios minutos, y algunos incluso requieren un breve Mizuiri (intermedio) para permitir a los luchadores un descanso antes de poner fin a la confrontación.

 

Entre las tácticas para ganar en el sumo, que suman 82 en total, encontramos las de empujar y levantar al contrincante para sacarlo del círculo, agarrar el cinto del oponente para “tirarlo” al suelo, técnicas de zancadilla, salto rápido a un lado durante la carga inicial golpeando con la mano abierta el dorso del oponente para que pierda el equilibrio, y la de empujar al oponente al borde de paja del círculo para tirarlo afuera justo antes de que caiga él mismo al suelo. El sumo resulta admirable, especialmente por su dignidad y compostura. No se formulan quejas al dictamen del árbitro ni se ven desmanes de mala deportividad. Se permiten fuertes golpes corporales con la mano abierta, pero los puñetazos, patadas y tirones del pelo están estrictamente prohibidos. Aunque los resultados de algunos enfrentamientos son tan difíciles de dirimir que la decisión del árbitro tiene que ser ratificada (y algunas veces contradicha) por los jueces, ni el ganador ni el perdedor protestan nunca, y raramente muestran más emoción que lo que puede ser una mera sonrisa o cejo fruncido.

 

DIVISIONES Y CATEGORÍAS

A los luchadores del sumo profesional se les asigna una categoría de acuerdo con su división; luego se les designa como participante del lado este o del oeste. Esto último determina el vestuario, y consecuentemente el lado del círculo por el que entrarán cada día de la competición. Las categorías más altas, en orden descendente, son las de Yokozuna (gran campeón), Ozeki (campeón) y Sekiwake (campeón menor).

Yokozuna es la única categoría permanente del sumo. A los luchadores de esta categoría no se les puede relegar a un rango inferior debido a una actuación mediocre, pero se espera que se retiren si no pueden mantener una actuación apropiada a su categoría. Desde que se establecieron las categorías, hace ya varios siglos, sólo unos 70 luchadores han ganado su promoción a Yokozuna en toda su historia. Algunos de los grandes campeones de la época moderna fueron Futabayama (yokozuna, 1937–1945), con un porcentaje de victorias del 0,802%, incluyendo 69 consecutivas; Taiho (1961– 1971), que ganó un total de 32 torneos y mantuvo una racha de victorias consecutivas de 45 combates; Kitanoumi (1974–1985), que, a la edad de 21 años y 2 meses, fue el luchador más joven de la historia en ser ascendido al rango de Yokozuna; Akebono (1993–2001), que alcanzó el rango de Yokozuna después de disputar solamente 30 torneos, marcando así el récord del Yokozuna que tuvo una promoción más rápida en la historia del sumo; y Takanohana (1995– 2003), que, a la edad de 19 años, pasó a la historia como el luchador más joven en ganar un torneo. Puesto que en el sumo profesional no se adoptan clases por pesos, es normal ver a un luchador muy corpulento peleando contra otro mucho más pequeño. Por un lado, el peso es una ventaja para los luchadores, pero, por otro, la velocidad, la precisión y el equilibrio determinan muchas veces el resultado del combate, y los luchadores más pequeños, pero más rápidos, deleitan con frecuencia a los espectadores al derribar a oponentes enormes y ganar así el combate.

LA VIDA DE LOS LUCHADORES

Típicamente, los aprendices de luchador se reclutan en lugares rurales del país con más frecuencia que en las grandes ciudades, cuando todavía son estudiantes de secundaria. Si la familia del muchacho está de acuerdo, lo “adopta” como aprendiz un Oyakata (jefe de casa de sumo), que es un luchador retirado que administra una de las aproximadamente 50 heya (casas de sumo) en Japón y que supervisa de media docena a 30 o más luchadores. Los jóvenes se entrenan, comen, y duermen comunalmente en la casa de sumo, y perciben una sustentación básica económica. Los luchadores de la misma casa de sumo no se enfrentan entre sí en los combates de los torneos regulares.

La vida de un aprendiz de sumo es dura y, hasta los jóvenes más prometedores, tienen que esperar cinco años como poco para ascender a rangos superiores y empezar a recibir el salario como sekitori (profesional). De unos 700 luchadores que pertenecen a las casas de sumo, actualmente sólo se cualifican alrededor de 70 para la categoría de sekitori. Los pocos que llegan a las divisiones superiores normalmente se casan y viven fuera de la casa de sumo, pero para la mayoría, la casa de sumo es el único hogar que el joven aprendiz de luchador conocerá durante la mayor parte de su carrera de sumo. Muchos se ven forzados a retirarse a causa de enfermedades o heridas, y es raro que un luchador compita después de los treinta y cinco años de edad. La mayor parte de las casas de sumo están ubicadas en la parte este de Tokio. La vida de los luchadores de los rangos más bajos es espartana. Se levantan a las 4 ó 5 de la mañana, se ponen su mawashi, y comienzan el keiko (entrenamiento). Se ven también obligados a servir a los luchadores de los rangos superiores, que tienen el privilegio de poder ir a dormir más tarde. El entrenamiento, o keiko, se caracteriza por los tres ejercicios tradicionales: shiko, teppo y matawari. Para shiko, el luchador levanta lateralmente las piernas, una tras otra, a la mayor altura que puede. Durante teppo, da palmazos fuertes a una columna de madera continuamente. Matawari es un ejercicio en el que el luchador se sienta con las piernas abiertas al máximo. Una sesión diaria de keiko termina a eso del mediodía, después de lo cual los luchadores se sientan para tomar un desayuno tardío que consta de un potaje especial denominado chankonabe (una especie de estofado con muchas calorías y que contiene varios tipos de carnes y verduras), condimentos, encurtidos y varios cuencos de arroz, acompañados normalmente por una o dos botellas de cerveza. (El apetito de los luchadores es algo legendario.)

Después de esta comilona, pasan varias horas durmiendo una siesta, que, junto con la gran cantidad de comida, ayuda a ganar peso. Con este régimen de ejercicio, dieta y sueño, no es raro que algunos luchadores pesen más de 150 kilos, y que algunos lleguen, o sobrepasen, los 200 kilos.

HONORES Y PREMIOS

En algunos combates antes de los de la división Makunouchi, puede verse a los asistentes caminando en torno al círculo llevando banderolas con el nombre de empresas patrocinadoras que ofrecen premios en metálico a sus luchadores preferidos. Cuantas más banderolas haya, mayor es el premio que el árbitro entrega al ganador después del combate. Puesto en cuclillas en el borde del círculo, el ganador acepta su premio haciendo unos gestos, denominados Tegatana (cortes de espada en el aire con la mano), que muestran que lo acepta con agradecimiento. El ganador de un torneo recibe un premio en metálico, trofeos y una gran variedad de otros premios, entre los que hay arroz, sake (vino de arroz), etc. Los luchadores de las categorías inferiores a la de Ozeki que consiguen muchas victorias durante el torneo son elegibles para tres premios especiales: los premios a la Excelente Actuación, a la Técnica y al Espíritu de Lucha. Estos premios vienen acompañados por pagas en metálico. Otro de los incentivos que tienen los luchadores es el Kimboshi (estrella de oro), que se da a los luchadores de rangos inferiores que han sido capaces de vencer a un Yokozuna. Cada Kimboshi adicional da derecho al luchador a una subida de salario durante todo el resto de su carrera activa.

 

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